Recibe más del Universo dando a otros

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Es verdad que todos tenemos un rol o una función dentro de nuestras vidas. Todos somos madres, padres, compañeros de trabajo, esposas, esposos, amantes… Cumplimos diferentes funciones. Por otra parte, recuerda que en un día normal tenemos entre 60 y 70 mil pensamientos. ¿Cuántos de esos miles de pensamientos son enviados por nosotros para sanar, bendecir, hacer prosperar o iluminar a otros?

Recuerda también que cuanto más damos a otros, más recibimos de regreso por parte del Universo. Durante el transcurso de un día común debemos dar como hija, hijo, madre, padre, esposa o esposo. A este respecto, Saint Germain dice: Usa el cetro de tu poder para bendecir, sanar, prosperar e iluminar a los demás, y verás todas las cosas humanas acudir a tu más mínimo mandato.

¿Qué significa esto? Usar el centro de tu poder es usar tu Presencia Yo Soy, el único poder que existe en todo el Universo. ¿Te das cuenta de lo fuerte que es esta afirmación? ¿Cómo puedes usar esta poderosa frecuencia de dar?

Activa la frecuencia de dar

Si quieres tener salud debes dar salud. Sólo podemos obtener lo que podemos dar. De esta manera, usa tu Presencia Yo Soy para sanar, bendecir, hacer prosperar e iluminar a otros. Por esto mismo debes cuidar todos tus procesos creativos y cada palabra que emites, sobre todo cuando hablas en tiempo presente de los demás.

Si te equivocas en la elección de tus palabras, en lugar de subir tu frecuencia vibracional, la bajas. Si observas al otro enfermo, haces lo contrario a utilizar el cetro de tu poder para sanar. Cuando hablas de enfermedad en otro, la estás creando y recreando sobre lo que esa persona ya creó para sí misma. Sostienes el proceso creativo desfavorable de esa persona.

Así, en vez de sanarla, la estás enfermando. En ese momento, tu vibración está muy por debajo de los 500 Hz, que es la medida de la frecuencia del amor. Quizás te encuentras en la frecuencia de la culpa, del enojo o la tristeza, y estando en ella no podrás recibir lo que deseas por parte del Universo.

Podrías creer que has ayudado a tu vecina al arreglar algo en su casa o prestarle algún objeto, pero ¿sabes cuántos de tus 70 mil pensamientos diarios han sido dedicados a juzgar, tanto a ella como a los demás? Borras con el codo lo que escribes con la mano, porque el Universo se comunica contigo a través de la frecuencia que irradias, y la frecuencia que estés emanando es la que el Universo escucha y te devolverá.

Por eso debes tener extremo cuidado en procurar que tu frecuencia sea la de dar. No te sirve de nada ayudar con algo material para luego hablar mal de los otros. Si actúas así no esperes recompensa. Para empezar, ya solamente con esperar algo a cambio contaminas tu frecuencia de dar; no estás dando realmente si estás esperando recibir.

Confía en el Universo y olvida los reproches

Deja que el Universo sea quien te devuelva este amor o esta frecuencia de dar. Saint Germain indica que no debemos vacilar en usar el cetro de nuestro poder para bendecir a los demás. Así que bendícelos sin esperar nada de ellos. Si das con toda la frecuencia del amor, el Universo te lo trae de regreso.

En mi experiencia personal, cada vez que he ayudado a alguien económicamente, nunca le he pedido de regreso el dinero. Les he dicho: «Haz por los otros lo mismo que estoy haciendo por ti». Es el Universo quien me retribuirá lo dado y no la persona a quien se lo di. Se lo doy con todo el amor del mundo y no espero una recompensa o algo a cambio. Deseo bendecir usando mi Presencia Yo Soy.

Muchas veces oímos los reproches típicos de las madres: «Con todo lo que me he sacrificado por ti y ahora me tratas de esta forma». En realidad, nadie se ha sacrificado por otros; los hijos llegan a este mundo como resultado de un proceso creativo y no de un sacrificio. Es la prueba y el acto de amor más grandes que existen.

Y nuestros hijos nos hacen un regalo inmenso, porque a través de ellos podemos aprender lo que es la frecuencia del amor, la más alta de todas. Por lo tanto, no reclames nada a tus hijos. Da sin esperar algo a cambio, y el Universo te lo va a devolver de forma mágica. En verdad sucede de esta forma, y lo he experimentado muchas veces.

Pon atención en tu frecuencia de dar. Da por el solo hecho de dar a tus hijos, pareja, jefes, compañeros, familiares, vecinos… y todo lo demás acudirá a tu más mínimo mandato.

Activa la frecuencia de la riqueza

Hemos dicho que cuanto más das, más regresa a ti de parte del Universo. Sin embargo, para que algo bueno regrese a ti, debes emanar por todos tus átomos la frecuencia de la riqueza. Recuerda que el idioma que habla y escucha el Universo es el de tu frecuencia vibracional y nada más.

Cuando le pides a Dios: «Ayúdame», ¿sabes que estás emanando? Frecuencia de miedo, ¿Y sabes qué te va a dar el Universo? Por más que reces a Dios, tu petición está hecha a través del miedo, y lo que vendrá será más miedo. Si pides ayuda para pagar una deuda, lo haces a través del miedo a no tener dinero, ¿y qué llegará entonces? ¡Más pobreza!

Pero podrías decirme: «No, Rosanna, no es así, porque yo pedí que me llegaran recursos para pagar y vino el banco y me los dio». ¿Ah, sí? ¿Y la nueva deuda que has adquirido con el banco que te dio el dinero? Eso es pobreza. Cuando tienes tu frecuencia fija en la abundancia, no te vienen más deudas, y el Universo tiene infinitas posibilidades de entregarte lo que necesitas.

La frecuencia de la riqueza es todo lo contrario a la frecuencia de la codicia, de la avaricia, del maltrato, la miseria, la tristeza y las quejas. Todas ellas son bajas frecuencias de carencia. Para empezar a conectar con la abundancia y empezar a recibir del Universo lo que realmente deseas, debes elevar tu frecuencia y ver el dinero, la prosperidad y la riqueza en todas las cosas.

Ábrete a la alegría y olvida las expectativas

Vas a tener que aprender a soltar, porque en la medida que te quejes y reclames, o des lugar al maltrato, la codicia y la avaricia, mantienes una frecuencia extremadamente baja, y ese es el idioma que escucha el Universo. Por lo tanto, lo único en que tienes que ocuparte es en estar alegre y estar vibrando siempre en el amor.

Cuando estás alegre todo empieza a fluir, como cuando recién conoces a alguien y te enamoras, antes de que aparezcan los apegos, los celos, las recriminaciones y las ofensas. Cuando estás ilusionado con otra persona, todo prospera: Te llega un cambio de trabajo, empieza a fluir el dinero… pero ¿por qué? Porque la frecuencia con la cual te estás comunicando con el Universo es la de la alegría.

Sin embargo, al pasar dicha ilusión y al empezar los reproches y enfados, de pronto las cosas se complican de vuelta. Todo empieza a salir mal y la vida ya no está tan fluida como antes. La causa es que has bajado tu frecuencia vibracional porque esa persona especial no cumple tus expectativas.

Para poder conectarte con la abundancia y recibir todo lo que deseas, no tengas expectativas con la gente; tenlas con el Universo, quien te dice: «Si das utilizando tu Presencia Yo Soy y empiezas a desear que los demás estén sanos y sean prósperos; si iluminas a otros, todas las cosas humanas van a acudir a tu más mínimo mandato».

El Universo es quien me da todo. No tengo expectativas de nadie ni de nada. Recibo del Universo porque yo uso el centro de mi poder para sanar, bendecir, hacer prosperar e iluminar a los demás.

Evita contaminar tu vibración

Saint Germain dice: Si alguien pretende usar este poder o conocimiento, o sea, la Presencia Yo Soy, para dañar a otro, se encontrará con que un bólido electrónico traspasará su propio cuerpo con la misma intención con que lo mandó.

Así por ejemplo, si juzgas o criticas a los otros; si deseas que les vaya mal o si observas enfermedad en los demás, estás usando el conocimiento para dañar. Entonces, ese bólido electrónico, que es la frecuencia que tú mandas hacia el otro, te golpeará con la misma intención y fuerza con que la has enviado.

Por ejemplo, si a una persona muy querida la ingresan en el hospital y tú sientes mucha tristeza por ella, este sentimiento te será desfavorable, porque estás observando y sosteniendo con tu tristeza la enfermedad en el otro. Estás haciend0o algo muy malo para el otro sin intención de dañarlo.

Esa frecuencia de tristeza es bajísima; se encuentra muy lejos de la abundancia, y la salud es abundancia. Además, no sólo dañas a la otra persona, sino a ti mismo, porque en la misma intención con la que estás dañando a otro, esa vibración va a traspasar tu propio cuerpo como un bólido electrónico.

Entonces, si observas en el campo cuántico la enfermedad, la sostienes, y es muy probable que regrese a ti. Ten en cuenta que si algo malo ha regresado a ti es porque has dado algo malo, tal vez de forma inconsciente. Por esto, observa atentamente qué tipo de frecuencia estás emanando.

En el amor no hay tristeza; cuando estamos conectados a nuestro espíritu en el Universo, no existe la tristeza.

Cambia tu foco de consciencia

Podrías ahora decirme que sientes una tristeza muy grande porque estás perdiendo a alguien querido. Yo te entiendo a nivel humano, pero estamos hablando a un nivel universal. Hablamos de la Unidad esencial, y no de un aparente fin en este plano físico. Para el Universo somos eternos, y la existencia es un constante renacer.

Esta es la óptica que tiene el Universo, y es absolutamente distinta a la que tienes tú. Tal vez no entiendas ahora por qué no hay que sentirse triste y por qué en el espíritu no existe la tristeza, pero debes empezar a ver las cosas desde otra óptica. La ascensión ocurre cuando puedes ver todo lo que vives desde una perspectiva más elevada.

Si quieres ascender, tienes que elevar la frecuencia vibracional de tu cuerpo físico y así alcanzar esa otra óptica. Ascender es simplemente cambiar tu foco de consciencia.

¿Qué quieres dar al Universo?

Estoy segura de que deseas hacer el bien a los demás; de lo contrario no estarías aquí. No obstante, en ocasiones actuamos mal sin querer. Mantienes una óptica humana, y al no poder cambiar tu foco de consciencia, no puedes ascender. Debes salir de la mente humana para poder entender al Universo.

Y el Universo es tan vasto, tan inmenso, que el planeta Tierra tiene la medida de un grano de arena en medio de la costa entera de un continente. Esto quiere decir que nosotros estamos viviendo dentro de un grano de arena, y que nuestra mente es aún más pequeña. Ni siquiera podemos dar explicaciones lógicas a todo lo que nos ocurre.

Y así, no podemos entender la óptica que tiene el Universo. Lo que sí sabemos es que el idioma que hablas con el Universo es la frecuencia vibracional de tu cuerpo físico y no de tu espíritu. Todos somos buenos, sabios, ricos y con juventud eterna. No morimos, porque lo único que muere es este cuerpo. Hay que salir de la mente para empezar a vernos así.

Todos somos la máxima expresión de nuestro espíritu, y solamente tu cuerpo físico es la materia, lo que se ha densificado y nos lleva a hacer cosas que no deseamos. Nuestro cuerpo físico es el que está unido al dolor y a la tristeza. El espíritu no sabe de tristeza ni dolor, y por eso es imperativo que emprendas tu camino ascensional.

Cuando logres entrar a esta frecuencia altísima que es tu espíritu, no te dolerá separarte de un ser querido, porque sabes que lo volverás a ver muy pronto. Fuera del cuerpo, el ser que se va no vive en el tiempo ni en el espacio. El transcurso del tiempo es percibido únicamente por los que estamos dentro de un cuerpo físico y vemos un tiempo lineal.

En realidad, para el Universo el tiempo y el espacio no existen. Siempre viajamos juntos y siempre estamos juntos. Empieza a conectar con el flujo de recompensa de acuerdo con lo que dice Saint Germain respecto al uso del cetro de tu poder para sanar, bendecir, hacer prosperar e iluminar a otros.

Conviértete en un ser cuántico…

Tienes que convertirte en un ser generoso, que da amor, salud, prosperidad y bendiciones a los otros. Respeta la individualidad y el libre albedrío del otro aunque en ocasiones eso no te convenga. Tienes que vivir sin esperar nada de nadie, así sea tu hijo, tu marido, o quien sea.

Vas a tener que empezar a vivir con paciencia, respetando y reconociendo el trabajo del otro. Si eres el jefe o tienes un cargo superior, empieza a agradecer la labor de todos. Deja de quejarte si tienes que pagar cuentas, y más bien agradece ese acto, porque así elevas tu frecuencia hasta empatarla con la abundancia.

Igualmente, debes evitar dañar al otro intentando hacerle un bien. Con todo el amor del mundo estamos haciendo daño a otros. Cuando le dices a tu hijo antes de salir: «Ponte este suéter, porque te vas a enfermar», lo dañas, porque estás creando por él. Usas el cetro de tu poder para dañar al otro. Cuando dices cosas así, irradias una frecuencia de miedo y no de amor.

Cuando tú como madre dices: «Te vas a enfermar», estás observando eso entre las infinitas posibilidades que tiene el átomo para darte. «Te vas a enfermar» es Presencia Yo Soy. Observas enfermedad, y el Universo empieza a confluir de tal forma que tendrás enfermedad en tu vida.

Esto es física cuántica. Has dado la orden «te vas a enfermar», lo has observado en el campo cuántico, e irremediablemente, al haber elegido una de las infinitas posibilidades, eso mismo vendrá a ti.

… y te convertirás en una bendición para todos

Si quieres ayudar de verdad a tus seres amados, obsérvalos perfectos, con alegría, disfrutando la vida y siendo felices. Desea siempre el bien y dile a los demás: «Disfruta y sé feliz». Esta es la mejor bendición que le puedes dar a tu hijo antes de salir de casa. No observes lo malo si no quieres que le suceda.

¿Qué estás dispuesto a ofrecer al Universo? Si das amor tendrás amor; si das bendiciones tendrás bendiciones. Solo podemos obtener lo que podemos dar.

Empieza a ver a Dios dentro de ti y no fuera. Cada vez que lo ves fuera de ti, te debilitas, porque ves a alguien externo a ti y que decide por ti. En cambio, considera lo que dice Saint Germain cuando se despide de los alumnos: Mi luz te bendice, mi luz te abraza.

Empieza a observar cómo hablan los maestros, y empieza a cambiar tu manera de hablar para activar el flujo de recompensa. O usas el conocimiento para dañar al otro, o usas el conocimiento para bendecirlo, sanarlo, hacerlo prosperar e iluminarlo. Si eliges lo segundo, el resultado de tus procesos creativos será bendición, salud, prosperidad y luz.